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6 de abril de 2014

Elige la vida

Elige la vida. Elige un empleo precario. Elige una carrera en declive. Elige una familia lejos. Elige un portátil justito. Elige lavadoras compartidas, andar a todas partes, mp3 de 10 euros y cubiertos sucios. Elige la enfermedad, colesterol bajo y tarjeta sanitaria europea. Elige alquileres de por vida. Elige un piso compartido. Elige a tus amigos. Elige un perro sin raza. Elige ropa de rebajas y Humana. Elige depresión y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana, por la tarde y por la noche. Elige sentarte en tu cuarto a ver películas tristes y series interminabes mientras llenas tu boca de puta comida que queda en la nevera. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable. Elige tu futuro. Elige la vida... ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando no tienes nada?

24 de marzo de 2014

Un ciudadano ejemplar




Estoy en Lisboa porque vivo en Lisboa.
Asisto entre aburrido y atónito al desmembramiento del estado de bienestar. Aburrido porque es más de lo mismo; atónito, porque no me reconozco en esa violencia lacerante política y ciudadana.

Marchas por la Dignidad. Gente que lleva días y días de camino a sus espaldas para llegar a Madrid a reivindicar derechos básicos. Una manifestación que se prevé multitudinaria. Redes sociales que echan humo, medios azuzando al personal. Lo de siempre, vamos. Lo del 22M lo esperaba, como digo, con más aburrimiento que expectativas reales. Mi madre contenta, porque en Lisboa no podré asistir a ninguna manifestación ni, por ende, meterme en problemas. En cualquier caso, nunca lo he hecho; lo de meterme en líos, digo.
La subdelegada del Gobierno de Madrid y el Presidente de la Comunidad de Madrid, entre tanto, escupiendo veneno por sus bocas, preparando el terreno, vaticinando...
Mientras tanto, coordinación, lenguaje inclusivo y otras chorradas (lo siento, odio el lenguajx inclusivx) para intentar cambiar el mundo. Lo de siempre, me digo. Yo formé parte del 15M en su mismísimo origen. Me manifesté en Granada y acampé con otra mucha gente, formé parte de alguna comisión, recibía de manera religiosa las noticias derivadas de las asambleas. Un año después, repetí en Madrid. Y he ido a manifestaciones en días de huelga, manifestaciones por la sanidad y educación públicas, gratuitas y de calidad, me he manifestado por mis derechos y, en definitiva, por mi dignidad.
Como digo, jamás me he metido en problemas. Viví alguna tensión, pequeños roces en el 15M, primera manifestación, cuando una procesión hizo cambiar el recorrido a los manifestantes. Más allá de eso, si he asistido a enfrentamientos o problemas de corte parecido, jamás los he vivido como algo propio.
Creo en el civismo y detesto la presencia insultante de antidisturbios en cualquier manifestación de cualquier tipo cuando no ha habido signos de futuros problemas. Entiendo los mecanismos de seguridad, pero no de represión. Tengo amigos policías. A veces, vestidos de uniforme, cuesta recordar que son los mismos a los que les he dado clase de inglés, los mismos que me cambiaban las horas o cancelaban clases porque les habían puesto una guardia súbita, los mismos que escuchan a Vetusta y Zoé, con los que he compartido aula y correrías infantiles. Cuesta recordarlo, pero es preciso.
El caso es que el 22M. Lo que pretendía ser un recordatorio al Gobierno y a la oposición de que es el pueblo el que debe ser oído se convirtió en un despropósito de proporciones épicas. Si bien la marcha y la participación fueron todo un éxito -una vez más ese baile de cifras-, lo que ocurrió a continuación enturbió los logros que dicha respuesta popular podría -y debería- haberse anotado. Los estallidos de violencia de una minoría en esta ocasión se volvieron más virulentos que en previas manifestaciones de este tipo, y de hecho se ensañaron con policía y antidisturbios de manera desproporcionada. Es la impresión de alguien que no estuvo ahí pero que ha leído y visto testimonios y pruebas irrefutables de esta escalada de violencia.
Soy de izquierdas, pero soy de izquierdas en el sentido de que cada cual debe ser respetado a pesar de su condición, sexo, religión, origen o clase social. Yo siempre he llevado una vida acomodada, sin grandes preocupaciones pero sin grandes caprichos. He sido becario como todo hijo de vecino, siempre me han tratado en la sanidad pública (salvo consultas puntuales para ciertos asuntos urgentes); en definitiva, soy un hijo del estado de bienestar. Es lógico, pues, que cuando empiecen a cargárselo, se me hinchen las venas del tronco de la polla y me dé por protestar.
No obstante, una cosa es la protesta y otra, la guerra. Ya sabemos quiénes son los violentos. El señor que viene de Burgos andando no se va a liar a pedradas con la policía porque lo que a él le interesa es hacer oír su problema y su lucha, su frustración y su miedo. No le interesa hundir más el estado de bienestar. Y ahí están, entre la multitud todos con capuchas, con gorros, cobardes, antisistemas, anarquistas redomados que creen que esto es su juego político. Estúpidos niñatos vagos que sólo buscan hundir el sistema por hundirlo, aprovechándose de paso de los sueños de todos los señores de Burgos que vienen a pie a Madrid a protestar por un sueldo digno, una educación pública de calidad, una sanidad humana, un estado justo.
Me entristece que muchos de los acomodados de izquierdas, como yo, se amparen tras esos violentos y participen del juego de los ladrillazos y la lapidación pública. Si en lugar de un muchacho que aprende inglés en su tiempo libre y que viste uniforme reglamentario hubiera una adúltera en medio de la plaza, nos espantaría la imagen. El problema, pues, no es tanto la presencia de violentos, pues siempre la ha habido, sino la ausencia de moral del ciudadano medio, que en lugar de denunciar la violencia la azuza, y grita a la policía, que es el estado de bienestar, y puede que lance adoquines.
Soy un ciudadano ejemplar, me digo. Estoy lejos, y es fácil opinar desde lejos. Sin embargo, yo lo que he visto este fin de semana ha sido una violencia inaudita contra una autoridad que pretende preservar una seguridad necesaria. Si todos los ciudadanos ejemplares vinieran a pie de toda España para manifestarse en Madrid y, al llegar ahí, alguien tratara de cargarse su manifestación a ladrillazos, dónde queda el espacio para reivindicar nada, ¿no sería lógico que les pararan los pies a la mínima expresión de violencia? Fuera de sensacionalismos, ¿no está el ciudadano ejemplar desvirtuando la naturaleza de su protesta legítima al dejar que esos brotes de violencia vayan a más? ¿A qué huelen las nubes? ¿Qué hay del ciudadano ejemplar que resulta llevar uniforme reglamentario en el trabajo? ¿Es él el cabeza de turco? ¿No está claro que los violentos han mostrado sus cartas?
Siento que ese ciudadano ejemplar de Burgos, al llegar a Madrid, sienta la tentación de agarrar un ladrillo y lanzárselo a un policía herido entre dos parterres, porque así es como se protesta en Madrid, ¿no? A los violentos y a todos los ciudadanos ejemplares que siguieron sus pasos tras una protesta ejemplar y multitudinaria: estúpidos, menuda lección de democracia.
Menuda lección de dignidad.

18 de marzo de 2014

Mudanza

Me mudo de casa como quien muda de piel. Me he dejado unos rastrojos por ahí, colgando, con lo que fuera que arrastraba de Madrid y me he traído algo nuevo, una novela que avanza como un saltasaurus, a Truman, que tiene habitación propia y la luz de la ciudad inundando mis ventanas. Ah, también he traído el bote de Nocilla de un kilo que me trajo Miguel en su visita, y el nuevo -y maravilloso- libro de Ricardo Menéndez Salmón, que Francisco me trajo de Madrid.
Justo antes de mudarme  me llegó una postal de alguien desconocido. Venía de Madrid, me contaba que volvería a esa ciudad (cosa que dudo mucho), y que entonces nos veríamos.
Como cambio de dirección, me gustaría que, si alguien necesita la nueva, me escriba un mail y se la daré encantado :)

17 de marzo de 2014

Instrucciones para decir adiós

Hace unos meses, cuando el derrumbe, la demolición interior, el mundo galvanizado en una miniatura sobre el mueble de la entrada, cuando me dejó, tomé la decisión de no escribirle más cartas. Pensaba escribirle una carta de despedida, y a cambio empecé a escribirle una novela para no ahogarme. No obstante, me propuse aprender a decir adiós, y escribí un decálogo (o algo así):


INSTRUCCIONES PARA DECIR ADIÓS
1. No decir adiós.
2. No pensar que es un hasta luego encubierto; es un adiós.
3. Mírale a los ojos. Sonríe. Que no te vea llorar.
4. Guarda silencio. Es fundamental guardar silencio.
5. Haz una pregunta incómoda, ataca con la guardia baja.
6. Recuerda algo en común en voz alta, pero no te pases de listo.
7. Habla del proceso de decir adiós. Que ambos seáis conscientes de la despedida.
8. Regálale algo. Algo que cada vez que vea recuerde a una despedida..
9. Rómpete. Hazte frágil por una milésima de segundo.
10. Cógele la mano.
11. Róbale un beso.
12. Di adiós.
13. Desaparece de su vida.

4 de marzo de 2014

Una de cine

her

Siempre que vuelve Spike Jonze con un proyecto nuevo, es motivo de alegría para cualquier cinéfilo. Si sus dos primeras propuestas tras la extensa carrera en el mundo del videoclip basaban su efectividad en los estoicos guiones desarrollados por Charlie Kaufman, el escritor de moda en los circuitos del Hollywood más independiente y alternativo, tras su separación profesional de éste a Jonze le tocaba demostrar talento por propios méritos, si bien su sello como director siempre ha tenido una impronta visual de lo más llamativa. El experimento de llevar al cine de acción real el cuento infantil Donde viven los monstruos se tradujo en una cinta llena de lecturas, capas y matices oscuros, con una fuerza visual -el diseño de producción siempre ha sido uno de los fuertes del director- y una coherencia narrativa inauditas para una cinta en apariencia menor. Ahora, con su primer guión completamente original, quedaba por demostrar si Jonze es, más allá de carambolas visuales, un buen narrador con sello propio. Y lo es. Vaya si lo es. Her es, ni más ni menos, la enésima revisión de la historia de amor clásico entre dos sumandos incapaces de desarrollar su relación al máximo potencial, esto es, lo que ya vimos en películas de corte romántico como [500] días juntos u Olvídate de mí.

No se dejen llevar por el artificio. No se trata ésta de la historia de ciencia-ficción donde un hombre y una máquina se enamoran. De hecho, Spike Jonze desarrolla una tesis mucho más interesante al jugar con este envoltorio para hablar de algo mucho más sencillo, insisto: los amantes en distintos estadios sentimentales, como aquel anuncio de preservativos. La desincronización en el amor es, además, el terreno sentimental en que se mueve la comedia romántica seria/pretendidamente independiente. Es el caso de Her, aunque haya a quien no le haga ni puta gracia nada de lo que nos cuenta.

Theodore es un tipo sensible, entrañable, romántico empedernido, con cierto punto misántropo, ingenioso y preso de su anterior relación. Theodore es, pues, con el corazón hecho pavesas, el fantasma de Theodore. Está el potencial en él, como demuestra su trabajo, pero no la consumación de ello. Tiene amigos con los que compartir confidencias, el recuerdo de una ex que quema a cada latido y una vida sin norte hacia el que guiar sus pasos. Entonces llega ella, Samantha, una chica comprometida, interesante, fascinante, misteriosa, inteligente, sexy y divertida. Samantha entra en la vida de Theodore como un ciclón, y desde el primer momento arroja luz en su existencia y provoca que comencemos a ver aquel potencial que hasta ahora no había desarrollado. Samantha logra, en definitiva, borrar a golpe de viento las pavesas olvidadas de su ex. El problema o conflicto introducido es, en primer lugar, el prejuicio hacia las chicas como Samantha. Cuando el propio Theodore ha sido capaz de establecer que ese prejuicio es algo tan insustancial que no vale tenerse en cuenta es cuando se deja querer, y quiere, y es maravillosamente feliz. El segundo problema, no obstante, es que él está enamorado hasta la extenuación, porque es un romántico empedernido que vive -insisto- de escribir cartas de amor, y sin embargo para Samantha él es otro más, no el punto de inflexión que él aspira a ser (cambiar tu vida, hacerte mejor persona, vivir por y para ti). Es Her, por tanto, en el fondo una película triste, demoledora, de hecho. Theodore nunca será feliz sin la horma de su zapato, su media langosta... los seres como Samantha seguirán recluidos en un cinismo de siglos. El amor seguirá siendo un conflicto de proporciones épicas hoy, mañana y siempre.

Otra cosa: él es Joaquin Phoenix, excepcional como siempre, del hombrecillo destrozado al rey moderner que puede rozar el cielo con la yema de los dedos; ella, un sistema operativo al que pone voz Scarlett Johansson. La parte de ciencia-ficción, por favor, es anecdótica. Aquí es donde entran las comparativas con a) Black Mirror o b)I'm here, el corto rodado por el propio Jonze en 2010. Esto, al fin y al cabo, es sólo un contexto, y el director cumple con creces una vez más al dar forma a ese futuro inminente con decisiones visuales inteligentes y sensatas. Cabe decir, pues, que una vez más estamos ante una película cuya alma reside en los actores. Si el trabajo de Phoenix es comedido, cercano y excelso en sus mil matices, la labor de Johansson es sencillamente un prodigio de técnica. Dotar de tanta entereza a un personaje sólo con la voz (bromeando, hablando, cantando o follando [son muchos los que han señalado esa escena de sexo como una de las más puras y logradas que hemos visto en cine, que recuerda a esa escena de Cómo ser John Malkovich]) es algo que está a la altura de pocos actores; de hecho, en principio toda la parte de Samantha fue rodada por Samantha Morton. Aporta el contrapunto al almíbar la presencia, ya sea en forma de flashback o de esos incómodos reencuentros pasado el duelo, de la Ex, Rooney Mara, o el cinismo de una Amy Adams a la que también rompen el corazón.

Ponen banda sonora habituales en el trabajo de Jonze, en este caso Arcade Fire, y algún tema de su ex, Karen O, quien ya puso una espectacular banda sonora a Donde viven los monstruos. Cabe destacar del mismo modo los esfuerzos casi inestimables para construir ese ¿futuro? de seres devorados por la tecnología, inteligencias virtuales y electrodomésticos autosuficientes, así como toda la elaboración de decorados y la decisión de rodar en Shangái para dar vida a una Los Angeles futura en lugar de optar por el manido ciberpunk del futuro distópico tradicional.


Habrá quien deteste el cine con ínfulas de autor de Spike Jonze, pero con Her ha demostrado ser poseedor de una voz propia rotunda e identificable. Entre tanto, habrá que seguir a la espera del nuevo capítulo en la filmografía del director estadounidense.


nebraska

El último viaje. La comedia negra. La peliculita pequeña en blanco y negro. La carrera a los Oscar. Nebraska.

Podría tratarse ésta de la cinta que cumple el porcentaje de cine independiente que exige año tras año Hollywood. Sin embargo, para ser tan independiente, Nebraska opta a varios de los principales premios de la Academia. Esta comedia amarga crece poco a poco y ofrece una lección de cine con pocos ingredientes, los justos para llegar a donde otras se quedan a medio camino. El nuevo invento de Alexander Payne (Los Descendientes, Entre copas) nace pequeño, no hay duda, pero deja poso y exuda libertad y grita vida y cine.

Woody Grant, un anciano senil, lo ha perdido prácticamente todo. Gran parte de la culpa la tiene el alcohol. Llegado este punto de su vida, cuando sus hijos se plantean ingresarlo en una residencia, cuando su mujer sólo tiene exabruptos hacia él, a Woody le cambia la suerte: le llega una carta publicitaria donde le anuncian que es ganador de un millón de dólares. La única pega es que el cupón se canjea en Nebraska, y el anciano convierte en éste el objetivo de su vida. Su hijo David acepta llevarlo en coche como quien ejerce de chófer para un desconocido, a sabiendas de que el premio no existe. El viaje, los personajes que encuentran y las situaciones que viven dan lugar a una road movie atípica donde padre e hijo vuelven a encontrarse con sus orígenes antes de emprender la loca aventura de llegar a Nebraska.

Payne dota de cercanía al relato gracias a la presencia de escenarios familiares, carreteras mil veces transitadas y pequeñas ciudades y pueblos de la América profunda perfectamente intercambiables. La construcción de los personajes, desde un protagonista de bueno, tonto a los divertidos secundarios del pueblo natal de Woody, desprenden una verdad abrumadora, pero es en la relación paternofilial donde tienen cabida conceptos como perdón, amor o esperanza. Este último viaje de aprendizaje de ambos personajes se torna a veces amargo, otras tierno, difícil, duro, inútil. Sin desvelar nada, diré que lo importante es el viaje, no el destino.

El reparto de Nebraska está liderado por un inmenso Bruce Dern como anciano senil que carga con la culpa de la autodecepción en un hombro y la ilusa esperanza en el otro. Le acompaña Will Forte como hijo comprensivo y decidido a recuperar el tiempo perdido con un padre ya desconocido ante sus ojos. Sin embargo, quien roba todas las escenas donde aparece es la matriarca de la familia, una deslenguada June Squibb que se merece todos los premios, y cabe destacar la creación de un extenso conjunto de secundarios como pueblerinos divertidísimos y con mucha mala leche.


Y es que habría sido cómodo optar por el camino fácil del drama y la lágrima gratuita, con este señor que de repente no sabe ni dónde está, ni qué hace cuya máxima esperanza cabe en un cupón publicitario. Por eso el interesante guión de Bob Nelson afila la pluma y arroja su buena dosis de humor negro e incorrección política a esta fábula hermosa y vitalista. Además, la fuerza visual de un blanco y negro preciosista hace que los amplios planos de los escenarios estadounidenses cobren una intensidad mayor. Nebraska es, no cabe duda, una película hermosa, una historia que nos gustaría compartir con nuestros padres o, quién sabe si algún día, con nuestros hijos.
Parece poco, y eso la hace grande.


27 de febrero de 2014

Monstruos del mar


Hace unos años, en concreto 2, me propusieron formar parte de una antología cuyo tema central era la sirena. Si bien el tema de escribir un relato de terror en torno a la misteriosa figura de una sirena ahora me resulta atractivo, en su día no me decía nada, de modo que decidí pasar del tema. No obstante, Victor Conde, el responsable del cotarro, amplió el radio de acción a demás criaturas marinas, lo cual me lo ponía mucho más fácil. Sin embargo, el propio hecho de que me lo pusiera más fácil me volvió a echar atrás. A mí del mar sólo me interesaban, como fuente de leyendas, los barcos fantasma. De hecho, llevaba varios años con la esperanza de dar vida al Mary Celeste, uno de los barcos fantasmas más legendarios. Caí en la cuenta de que aquello ya había sucedido en "El triste despertar de Sofia Triggs", nada más y nada menos que en 2008. De modo que ahí estaba de nuevo con los barcos fantasma y un mar lleno de terrores húmedos y antiguas leyendas de mar (ora mis veranos de playeo en Salobreña, ora mi afición por el género), incapaz de orquestar un horror a la altura. La Residencia de Estudiantes, sabido es de sobra por todos, supuso para mí una escuela infinita de paciencia y fábrica de ideas. Al fin di con la idea apta para formar parte de esta antología en potencia.
Dos años más tarde llega Monstruos del mar. Una antología de terror submarino (Tombooktu, 2014), compilada por Victor Conde en una edición mimada en forma y fondo. Le di la enhorabuena personal a Victor por su excelente labor para sacar adelante un libro bonito donde, además, la calidad de las propuestas está garantizada, dado que los autores son escritores profesionales que forman parte de la Asociación española de escritores de terror (NOCTE). Os animo a que leáis este maravilloso libro y os perdáis por sus páginas frías y saladas donde caben cantos de sirena y tentáculos, así como mi relato "Este barco nunca dormirá", producto de aquellos días de ideas y miedo a la página en blanco que se tradujeron en una sucesión de hechos poco afortunados.
El libro se puede conseguir aquí.

18 de febrero de 2014

My So-Called Life

1.Leo la biografía de Salinger. Aprendo muchas cosas: tenía sólo un huevo, conoció a Hemingway en la 2GM, Chaplin le levantó a la novia y se convirtió en un fanático religioso y huraño.

2. Éste es nuestro día a día. Aunque Truman ya está desparasitado, aún sólo tiene la primera etapa de sus vacunas de cachorro. Por eso lo llevo en mi mochila a modo canguro. Por eso y porque sé que somos absoluta y absurda y dolorosamente entrañables.

3. Francisco y Truman, la extraña pareja. Me encanta y hace mucha gracia esta foto porque Francisco es muy grande y Truman muy pequeño, y en esta foto junto al Tajo destaca de manera especial.

4. Siempre que tengo ocasión voy a comer sushi al japonés más barato de Lisboa (y, probablemente, de parte de Europa). Ésta es de la visita de Miguel, aunque ya había estado con Eleanor y Francisco.

5. Mario leyendo mi manuscrito de El Desencantador. Miguel cansado o lleno de sushi, qué se yo. Después fuimos a comer helado a Santini's.

6. Tuve una rosa por San Valentín, y tú no.

7. Ah, cuando a Miguel le dices tráeme Nocilla de España, Miguel te trae una edición especial Victorio y Lucchino de 1 kg. Pa ponerme púo, vamos.

10 de febrero de 2014

23 de enero de 2014

literatura y epístolas

I) Es jueves por la noche. Truman duerme en su camita, a mi lado. Hoy le he hecho un rincón en el patio. Leo la biografía de Salinger: la compré ayer en inglés

II) Nada más llegar de España, encontré cartas. Amo la correspondencia; me hace feliz. Me habían escrito Carlos de Málaga, y Javi de Zaragoza o Londres, a saber. También Sergio me había mandado un libro como regalo de Navidad. Por último, tenía aquí una carta de un anónimo que me hacía empatizar y enternecerme y darme cuenta de que no era tan anónimo

III) Hago balance de 2013, y en lo literario ha sido un desastre. Nosotros, que poseemos la tierra llegó tarde y mal. Teniendo en cuenta que ha sido un año de 8 meses, sólo lo he presentado una. Por otra parte, me han invitado a participar en diversos proyectos literarios (esto es, antologías y tal), fui ponente en una mesa redonda sobre el Weird en la Semana Gótica de Madrid, me publicaron en una antología poética de Cosmopoética y en una revista literaria un relato de terror; también salió al fin el esperado librojuego de En la feria tenebrosa, donde mi atracción "Callejón sin salida" ha provocado más de un escalofrío. Además, el libro está funcionando muy bien.

IV) El amor y la literatura se llevan mal. No me he implicado en nuevos proyectos literarios hasta que me han roto el corazón. No sé si compensa el precio a pagar, pero tengo 2 proyectos de novela en marcha y uno de libro de relatos.

V) Odio Madrid, parece ser mi conclusión


20 de enero de 2014

La del velocirraptor


Ya sabéis que uno de los proyectos en los que trabajo con más ahínco es una novela infantil, La extinción de los dinosaurios. De hecho, he ido posponiendo los demás porque este proyecto estaba clarísimo, y esta Navidad ha dado pasos de gigante (o de T-Rex, para el caso), así que ya he alcanzado al menos un tercio de la novela, y se va dibujando el camino de los personajes hacia un desenlace emotivo y sorprendente. De hecho, ya hay quien se empeña en que escriba una continuación, aunque me parece que ésta es la ocasión en que más claro he tenido dónde comienza y termina una historia, y sobre todo la necesidad de dichos límites.
La extinción de los dinosaurios puede ser el libro más amable que he escrito nunca, divertido y tierno, absurdo y lleno de aventuras y personajes identificables. La gesta de los dinosaurios puede funcionar muy bien no sólo entre un público infantil, ya que al final resulta imposible contener el tono sencillo e irme por las ramas, pero puede resultar una novela muy digna, de esas que trascienden etiquetas y géneros y límites.
Si todo marcha bien, calculo que a finales de marzo podría estar más que terminada. Desde aquí os animo, por si queréis saborear pequeñas pinceladas sobre el proceso de creación y guiños, a que os paséis por el blog que he creado para la ocasión y que he enlazado unos párrafos más arriba. Mientras tanto, cómo no, sigo tratando de encontrarle hogar a El Desencantador, el proyecto más inclasificable que me dio por parir, pero también en uno en los que más creo...